En talleres de barrio dibujamos rutas de abastecimiento, ubicamos proveedores confiables y marcamos sitios de venta seguros. Los cuadernos se llenan de anécdotas sobre aduanas, costos y estaciones, convirtiéndose en memoria colectiva y guía viva para quienes recién llegan, evitando errores costosos y fortaleciendo redes solidarias de cuidado mutuo.
Trabajamos con consentimiento informado claro, opciones de anonimato y control comunitario sobre la publicación de ubicaciones. Las preguntas se acuerdan colectivamente y los beneficios del mapa se devuelven en talleres, traducciones, señaléticas y microbecas, priorizando seguridad, reconocimiento y autonomía antes que cualquier métrica seductora de alcance.
A veces basta una pared comunitaria con pegatinas codificadas por color; otras, un visor geográfico libre con capas colaborativas. Lo esencial es que las propias artesanas gestionen el mapa, puedan actualizarlo fácilmente y lo utilicen para decidir rutas, ferias, alianzas, pedidos colectivos y aprendizajes.